Ser para no dejar de ser
Aquella noche el viento susurraba una canción tan triste que dolía el alma siquiera oírla.
Aquella noche la soledad se clavaba en el corazón como finas astillas que se incrustaban con saña.
Aquella noche las lágrimas quemaban como si fueran de azufre, como si en cada una de ellas hubiera parte de mi existencia.
Aquella noche decidí que nada en este mundo es tan importante, nada merece tanto la pena como para dejarse morir por no querer vivir, por querer apagar los gritos en mi cabeza dejando de tenerlos…
Que el amor, aunque cruel e indomable es a la vez inefable e inevitable, desolador y atronador, principio y fin…esencia y existencia.
Es sentir para no sentirse, locura para no estar cuerdo.

